Thursday, May 06, 2004

Koph:


Bienvenidos a Koph, también conocida como “Isla Bufones”.
Población: 3,277 payasos, de ellos ninguno feliz, extrañan su gracia.

Era el mensaje grabado sobre el letrero enterrado en la arena de la nueva isla a la que había llegado Tobías después de unas horas de navegación.

Yeremi, un joven payaso, flaco con una luna roja pintada alrededor de su ojo izquierdo y el resto de su cara pintada de blanco; vistiendo un pantalón bombacho , un chaleco con líneas verticales de color amarillo y azul, esperaba ya a Tobías en la orilla de la angustiada playa de Koph. Sin palabras se comunicaron, Yeremi asintió la cabeza como manera de dar la bienvenida a Tobías y le mostró el camino hacia el líder de esa isla. La arena sobre Koph tenía un color de nostalgia, y un aroma a pistache podrido. Las ramas de los árboles eran dedos rendidos sobre los cuales cuervos dormían; las raíces brotaban del suelo como si escaparan de un maleficio. Mientras caminaban por aquel sendero de piedras ovaladas, Tobías se preguntaba si algunas de sus dudas serían resueltas en este lugar.

Caminaron hasta llegar a la villa donde vivían todos los payasos, pero ellos no creían en nada, incluso se podía notar cierto pesimismo en el andar de Yeremi, su silencioso guía en esta isla.

Llovía. Y los pocos payasos que se atrevían a salir a las calles llevaban consigo carteles que mostraban al cielo, como protestando a un poder divino que no comprendían, con mensajes como:
“Mi alma por una sonrisa.”
“Extraño mi gracia.”
“Menos lluvia y mas carcajadas.”

Tobías los veía, quería regalarles su sonrisa pero por más que se esforzaba no podía, una fuerza externa provocaba una punzada en sus hombros cuando intentaba reírse aunque fuera por lástima.
-¿Qué es lo que sucede aquí? – Se atrevió a preguntar Tobías después de largo tiempo de caminar y guardar silencio.
-Esta isla está maldita.- Respondió Yeremi sin verle a los ojos.
-Creo que no entiendo bien.
-Hemos perdido nuestra gracia, es así de sencillo, ¿Qué cosa no entiendes?
-¿Cómo la perdieron?-Preguntó Tobías con un tanto de temor ahora ante la sequedad de las palabras del payaso.
-Brujería.- Le respondió Yeremi mirándolo ahora directo a sus ojos, como advirtiéndole que debía aprender un nuevo temor.

Llegaron a una rustica cabaña que emanaba un aura de polillas. Yeremi le dijo a Tobías que el líder de los payasos le esperaba dentro de ella.

Un obeso payaso con una nariz de hule roja y una lágrima negra pintada debajo de su ojo izquierdo le esperaba. Se presento a Tobías como Cipriano, el líder de los payasos. Había esperado la llegada del forastero proveniente de Daleth, como se lo prometió una luna llena, desde antes de que planeara su muerte. El suicidio en Koph se había vuelto en una forma de muerte natural, la mitad de los árboles en esta isla ya habían sido bautizados con el nombre del payaso que se había colgado con una soga en él. Era una gravísima falta de honor el colgarse en un árbol ya bautizado y en caso de que existiera tal caso se procedía a quemar dicho árbol para evitar discordias.
-Desde que perdimos nuestra gracia siempre llueve sobre Koph. La misma isla lamenta la ausencia de nuestra gracia, nadie se ríe más de nosotros. No sabemos el origen de este maleficio pero se que parte de tu destino el ayudarnos a eliminar esta maldición. – Explicaba Cipriano a Tobías.

Los payasos solían hacer caravanas para ir de isla en isla, presentando su espectáculo, haciendo reír a todos. Ahora carecían de voluntad, les avergonzaba salir de su hogar, Isla Bufones.
-Se que existen muchas dudas en ti, lamentablemente la información que yo pueda darte no creo sea muy útil, hay cosas que incluso nosotros, los mas viejos, no llegamos a comprender. No puedo responder ni cual es tu origen ni cual es tu destino final, pero tu llegada a este archipiélago no es en vano, tienes una misión que cumplir.
-Entiendo, pero por favor al menos dígame ¿Qué es todo este lugar?- Preguntaba Tobías haciendo un movimiento con sus brazos tratando de abarcar lo mas que pudiera.
-Estas en Koph, una de las trece islas del “Fantástico Archipiélago de la Ascensión”.
-¿Cuál es mi misión en esta isla? ¿Qué te dijo la luna?
-Tu misión es ayudarnos a recuperar nuestra gracia, la luna me lo dijo pero también me dijo que no era tu única tu misión pero si la primera.

Tobías desdobló nuevamente el pergamino que había guardado en uno de los bolsillos de su pantalón, lo leyó, sintió como un tambor dentro de él comenzaba a retumbar, era un espíritu de aventura que no había sentido en años, quería dejarse llevar por ese viento que lo empujaba a desprenderse de si, quería también dejar de preguntarse el porqué estaba en este archipiélago. Respiró dos veces y preguntó:
-Cipriano, ¿Cómo puedo ayudar a recuperar la gracia de los payasos de Koph?

Su mano derecha, la cual sostenía la espada de madera que había encontrado en la primera isla, sintió inmediatamente un sobrepeso. Tobías volteó a ver su espada y notó que la madera de la que estaba hecha se había transformado, era ahora de un metal oxidado y el mango de esta era ahora el manubrio de una bicicleta.

Si hubiera podido sonreír, Cipriano, sin duda lo hubiera hecho. Sus sospechas del origen de la maldición se basaban principalmente en el ermitaño de la isla Teth, sabía que este sentía un odio especial a Koph pues hubo un tiempo en que fue un payaso también y que había sido exiliado de la isla.

-Fue él o al menos debe de saber quien fue.- Explicaba a Tobías. – Ten este mapa y esta brújula que ayudarán a que navegues con mayor facilidad.

Tobías tomó los obsequios, salió de la cabaña, Yeremi lo estaba esperando. Siguieron el mismo camino de las piedras ovaladas y llegaron a la balsa. Yeremi subió a la balsa.
-Ah, ¿vienes?-Preguntó Tobias.
-No por gusto, el viejo Cipriano cree que es mi destino acompañarte en tu recorrido.
-Mejor para mí, así tengo quien reme.
-¿Y qué te hace pensar que voy a remar?
-Por derecho de antigüedad soy el capitán y si quieres subir a mi balsa solo será remando.

Yeremi, enojado y sin otra alternativa, tomó los dos grandes cucharones de madera. Tobías empujo la balsa con su píe, miró el mapa, después vio su brújula y con su espada de metal oxidado apuntó hacia lo que el presumía el noreste, donde creía estaba su próximo destino, mientras decía en voz baja:
-Teth.

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