Camino a Teth
La luna parecía desvanecerse, como si el polvo cósmico fuera las migajas que con ternura permitía se desprendieran de ella y las nubes, ahora de un color pistache, fueran el carruaje de la princesa nocturna que se reflejaba en el mar esa noche. Tobías la observaba tratando de buscar su sonrisa. Yeremi tan solo remaba.
Era la primera noche de Tobías en el Archipiélago, se recostaba en una orilla de la embarcación mientras sacaba una mano de su balsa para que se paseara por el agua, que tenía un aspecto a chocolate, no en aroma ni en consistencia sino tan solo en su color. Con su palma quería tomar el reflejo de la luna, cerraba su puño y veía a esta escurrirse entre sus dedos para después caer como una catarata al lugar que pertenecía, a la cáscara del mar por el que navegaban. Tobías continuó tratando de atrapar el reflejo de la luna hasta que la pereza le ganó y pudo dormir entonces. Yeremi tan solo remaba.
-Abre los ojos.-Decía una voz distante que parecía entretejerse entre el oleaje de la marea.
-Tobías abre tus ojos.- El mar callaba ahora y la voz parecía cada vez menos distante y más sólida.
Tobías abrió sus ojos para encontrar unos labios aproximarse a los suyos, y arriba de estos lucían dos ojos grandes y verdes que después se esconderían detrás de unos párpados, él no opuso resistencia alguna, pronto sus dos lenguas se abrazaban e iban de boca en boca, como si cada una le estuviera mostrando su hogar a la otra. La balsa y el mar habían desaparecido pero escuchaba aún en un fondo desfasado el sonido de los remos de Yeremi golpear la corteza del mar. Las paredes de aquel cuarto parecían estar hechas de perlas pues con la escasa luz que entraba, de la misma luna que Tobías había querido atrapar, era suficiente para iluminarlo, tanto que parecía ser de día. Ella era tan bella para Tobías como tan rico sus besos.
-Abrázame y no me sueltes.
-Arráncame los labios.
-No regreses al mar, quédate conmigo.- A pesar de que las palabras eran dichas en un mismo idioma Tobías todavía no comprendía su verdadero significado, era como aprender a caminar de nuevo, pues las cosas parecían todo excepto lo que realmente eran. Rodaban abrazados por la cama que también los abrazaba, las sabanas se derretían como cera mientras ellos emanaban un vapor con aroma a durazno, sus manos querían memorizar cada curva de su cuerpo, y cada línea de su piel. Hicieron el amor aquella noche tantas veces que hasta el hablar les causaba pereza.
-Te he esperado tanto Tobías pero tienes que irte.
-Entonces esto si es un sueño.- Respondió Tobías después de permanecer callado por unos cuantos segundos.
-No, no lo es, pero tu camino apenas comienza, y tu solo encontraras las respuestas.- Respondió ella y en el fondo el sonido de los remos de Yeremi golpeando el mar hacía su aparición nuevamente y conforme pasaba el tiempo se hacía mas notorio.
-Las respuestas me importan poco, lo que quiero es encontrarte a ti.
-No hace falta que recorras mares para hacerlo- Decía ella mientras recargaba su cara en el pecho de Tobías.- Abre tus ojos Tobías, has arribado a Teth.
Tobías abrió sus ojos y se encontró nuevamente en la balsa, en frente de él estaba Yeremi con los brazos cruzados mirándolo.
-Hemos arribado a Teth.- Dijo el payaso.
-Dame un minuto.- Respondió Tobías, mientras pensaba en la noche anterior, comenzaba también a acostumbrarse de los matices de esta realidad distorsionada. Podía sentir algo familiar en lo sucedido anoche, como una recapitulación de todos los momentos felices de su vida inyectados en una sola dosis, sentía que había conocido a aquella dama de ojos verdes antes y esta había sido la razón por la que no le había preguntado siquiera su nombre, sin embargo había algo dentro de él que le decía que la encontraría de nuevo. Tobías se paró, tomo su espada y junto con Yeremi saltó de su balsa hacia la arena de la isla de Teth, pues tenían que encontrar la gracia de los payasos.

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