Wednesday, May 25, 2005

Sayulita:

(Viajar con tres borrachos no es nada fácil...)

Una vez mas me encontraba manejando a altas horas de la madrugada. Eramos cuatro quienes habíamos decidido pasar nuestra semana de vacaciones en una playa llamada Sayulita. Ninguno de nosotros la conocíamos, tan solo habíamos escuchado referencias acerca de ella. Parecía ser exactamente lo que necesitábamos: playa, cerveza barata, hospedaje barato y mujeres. ¿Qué mas podíamos pedir?

Roadtrip:

Sabía por propia experiencia lo mal copiloto que era Cóndor, la última vez que ejerció ese oficio conmigo fue meses atrás, mientras yo manejaba él roncaba con demencia. Es verdad sus ronquidos auxiliaron aquella ocasión para que yo no me durmiera, entre la envidia y el ruido me concentraba poco en el camino, pero impedían que mis párpados cerraran. En esta ocasión Condor no roncaba, aunque Kics y Juan, alias Mini-Kics (apodo adjudicado por nosotros por ser el hermano menor de Kics), si lo hacían, desde el asiento trasero del Jetta que yo manejaba para llegar a Sayulita. Eran las 3 de la mañana y mi copiloto estaba despierto, ponía canciones de Luis Miguel en el MP3-Player, en ese entonces yo me arrepentía de haberlo dejado descargar ese tipo de canciones para quemar los CD’s que ahora escuchábamos:
- ¡De pronto flash la chica del bikini azul!- Cantaba mi copiloto, pero no lo culpaba en aquel momento, yo estaba cansado y él había encontrado una nueva manera de hacer que no me durmiera.

Dos semanas antes habíamos planeado el viaje. Estábamos hartos del ambiente de Monterrey y queríamos sentir el aroma de la arena quemando nuestros pies. Sayulita parecía nuestra mejor opción pues queríamos un balance entre desmadre y tranquilidad. Sabíamos que Puerto Vallarta quedaba a veinte minutos alejado del lugar, así es que en caso de querer acercarnos a la “Party” tan solo haría falta pisar un poco el acelerador.

-Ya quita esa mierda, ya vamos a llegar.
-Muy bien Shiva, que quieres que ponga.
-Algo mas adoc, algo playeril.
-¿Adoc? ¿Qué pedo con tu palabra dominguera?
-No sé, pero se escucha chido. Pon Bob Marley.

Recordaré aquel momento siempre. Eran las cuatro de la madrugada y los cuatro silbábamos la canción de “Don’t worry be happy”. Entramos por aquel entronque poco visible entre unos grandes ramales. Conduciendo por unas calles polvorientas y poco iluminadas, sin embargo empezábamos a escuchar las olas quebrarse a lo lejos. Ese momento nos hacía sentir bienvenidos después de haber manejado por mas de 17 horas. En ese momento habíamos llegado finalmente a nuestro destino.

Cocktail de bienvenida:

Desgraciadamente y como de costumbre nuestros cálculos habían sido malos, llegábamos de madrugada a este pequeño pueblo playero. A huevo hay un bar abierto, hay que buscarlo- Dijo Kics. Efectivamente encontramos una cantina abierta. El dueño de este nos preguntó al abrirnos que si éramos policías, Mini-Kics se carcajeó. Pero al ver que estaba hablando en serio todos nos callamos (aguantando la risa claro). Sabíamos que nos quería impresionar con su actitud “Alcaponesca” de pretender ofrecernos un servicio ilegal, es decir alcohol en su establecimiento a deshoras.
-Queremos pistear “brother”.- dijo Kics.
-No brother, es que la chota esta cabrona, ya me han querido clausurar dos veces pero se la pelan los putos-Respondió.
Nos dejó pasar después de aquel momento en el que tal vez él se sintió más importante, tratando de generar una impresión cuasi-cool en nosotros.
Nuestro mesero era un joven obeso y extremadamente borracho. Se acercó a nosotros y preguntó:
-¿Quequiecharronmach?-Preguntó.
-¿Perdón?- Contesté sin tener idea de lo que me había dicho.
-¿Quieren chicharrón?.- Replicó después de tomar aire y concéntrarse suficiente tiempo.
-Ah si, y una cubeta de Pacifico por favor- Dijo Cóndor.
Pronto volvió con un plato lleno de chicharrones ahogados en salsa Valentina. Al estar ingiriendo nuestra segunda cubeta se acercó el dueño del lugar. Le comentamos nuestra situación de no tener lugar donde quedarnos, nos ofreció un lugar para quedarnos pero sus precios eran muy elevados.

Rechazamos la oferta.

No quiso vendernos otra cubeta.

Salimos de aquel lugar y fuimos a ver la playa que nos albergaría por los próximos días. Nunca había visto el mar tan claro de noche como en aquel lugar. La luna parecía una gran lámpara iluminando un mar tranquilo. La imagen era digna del recuerdo.

Sauna-Jetta y el Nazi de las ventanas:

Faltaban unas cuantas horas para el amanecer. Decidimos dormir dentro del Jetta. Jamás pensamos que esto fuera a ser tan incómodo como resultó. Kics aparentemente un poco contagiado con la paranoia del dueño del bar no dejaba que abriéramos las ventanas mas de dos centímetros pues alguien podía asaltarnos y robarnos el poco dinero que traíamos.

Todos excepto él estábamos dispuestos a correr ese riesgo. Le apodamos el Nazi de las ventanas aquella noche, y como lo odiamos. Le implorábamos piedad, que nos abriera la ventana aunque fuera dos centimetritos más, para poder respirar, pero el siempre respondia con un : -Ya duermanse cabrones y dejen de chingar . Sentía que estaba dentro de un sauna, gotas de sudor se acumulaban en mis rodillas y se deslizaban hasta mis talones. Se respiraba un aire caliente con olor a calcetas reposadas en sobaco sudado y chicharrón. Las ventanas se encontraban matizadas por gotas de humedad, como si estuviera lloviendo afuera, sin embargo eran gotas del ambiente natural que habíamos creado dentro del Jetta. Ni Mini-Kics ni yo pudimos resistir mas de dos horas dentro del Sauna-Jetta y optamos por ir a buscar un mejor lugar en la playa.

Encontramos unos colchones, de camilla para tomar el sol, encadenados a una palapa. Nuestra desesperación para poder dormir nos hizo tomarlos prestados para improvisar una cama en aquella playa. La luna se reía de nuestra huída de aquel infierno para buscar un momento de descanso.

Dos horas después me despertó el frío proveniente de la brisa del mar. Eran las 7 de la mañana y los pescadores comenzaban a tomar sus lanchas para ir a pescar. Amanecía.

Miniature-Camping:

Cuando despertamos nos separamos en dos equipos para buscar lugar donde quedarnos. Uno conformado por Condor y Kics, en el otro Mini-Kics y yo. Lo mas barato que encontramos fue un departamento por 600 pesos la noche. Tomando en cuenta que pretendíamos quedarnos una semana completa y nuestro presupuesto era de 3,000 pesos parecía absurdo. Al parecer eso de la playa barata era una mentira.

Afortunadamente, en el último minuto que estuvimos en Monterrey, Kics empacó en la cajuela una casa de acampar que aparentemente nuestro ex-roomate, Chuy, había olvidado en nuestra casa.

Preguntamos por algún lugar para acampar y nos indicaron de una localidad llamada “El Palmar” o algo por el estilo. El tipo nos hizo una buena oferta y accedimos a acampar en aquel lugar. Ofrecía por 60 pesos uso de regaderas, escusados, estacionamiento y derecho a acampar. Aparte dentro del campamento había un puesto donde vendían sushi.

Campamento El Palmar o algo asi

Cuando comenzamos a armar la casa de acampar nos percatamos de su pequeño tamaño. Nos parecía extraño ya que Chuy nos había comentado que la había usado cuando viajo de mochilero hacia las playas de Oaxaca. Había presumido su amplitud y comodidad. Ahora parecía una casita de juguete. Cuando inspeccionamos con mas detalle esta, nos dimos cuenta que en una de las esquinas se encontraban escritos los nombres de: Paúl y Erica. Ellos eran los hermanos menores de Chuy quienes estaban en escuela primaria.

No tuvimos otra opción que acampar en aquella casa infantil. Comenzamos a encontrar las combinaciones posibles dentro de ella. Apenas cabíamos los cuatro acostados pero con la hielera afuera; dos personas dentro, la hielera y alguien sentado sobre la hielera; pero nunca los cuatro y la hielera. Decidimos que lo mejor era una rotación de dos personas dentro de la casa de acampar y dos en el Sauna-Jetta.

Life is good

La Cacería:

Sabía bien que si me tocaba en una de las noches dormir en el carro con Kics podía repetir sus acciones masoquistas de no permitirme bajar mas de un par de centímetros la ventana. Cóndor y yo conspiramos para que el afectado fuera Mini-Kics y no uno de nosotros. Una de las noches en las que nos tocó dormir en el Jetta quisimos desquitarnos abriendo completamente las cuatro ventanas, todo parecía que iba a resultar en una noche de sueño cómodo. Que equivocados estábamos. Empecé a dormitar; Cóndor ya roncaba, sin embargo no lo hacía de manera escandalosa, lo hacía a un volumen en el que yo hubiera podido dormir. Justo cuando comenzaba a soñar un molesto zumbido incrementaba exponencialmente en mi oreja izquierda, di una palmada al aire, tratando de atinarle por azar al molesto mosquito que generaba el sonido. No presté mayor atención, pero minutos después volvía aquel zumbido ahora a mi oreja derecha, no tuve mayor reacción. En la tercera ocasión que me despertó me percaté que el maldito mosquito no cesaría, al mismo tiempo sentí bastante comezón en mis piernas, luego de inspeccionarlas noté que había mas de diez piquetes en ambas.

Cóndor no roncaba desde hacía un par de minutos, estaba seguro que estaba tan despierto como yo. Asumí la misma posición que tenía sin cerrar los ojos. Dediqué mi vista a mi pierna izquierda y no pasaron un par de segundos cuando un par de mosquitos ya estaban succionando mi sangre. Con coraje tiré un manotazo y maté a cuatro de ellos. Pero seguían volviendo. Por cada manotazo que daba mataba al menos a un par. Eran docenas de ellos. Eran descarados. Mis palmas se estaban pigmentando por cadáveres de mosquitos combinados con mi sangre. Cóndor estaba en mi misma posición, desesperado y cazando mosquitos. Se escuchaba silencio por un momento y después los “Zaps” de nuestras palmas golpeando nuestro cuerpo. Jamás terminarían.
-No mames guey esto esta “beyond”- Decía Cóndor.
-Si guey, “hardcore”.- Contesté.
-Pinches mosquitos, ¡no mamar!
-Guey estamos estacionados debajo de una pinche lámpara, con razón hay tantos moscos.
Condor encendió el carro y nos fuimos al rincón con menor luz del campamento. Me bajé, desesperado del automóvil, abrí la cajuela para sacar mi maleta y ponerme un pantalón de mezclilla. Nada de eso sirvió.

Algo no estaba bien, no era posible que hubiera tantos mosquitos dentro del Jetta. Ya habíamos cerrado las ventanas y se había convertido nuevamente en un sauna. Preferíamos el calor que a los mosquitos. Sin embargo muchos de ellos habían logrado infiltrarse dentro de este. Teníamos entonces una combinación entre el sauna y la plaga de estos bichos. Oficialmente era una de las peores noches de mi vida.
-Vámonos a la verga de este lugar.
-Si no mames.
Llegamos a donde estaba la mini-casa de acampar, despertamos a Kics y a Mini-Kics, contagiados por una risa de desesperación.
-Hagan campo cabrones.
-No mamen, les toca dormir en el carro.
-Ni madres, yo no vuelvo a ese lugar.
-Si guey, esta “beyond”.
-Dejen dormir cabrones.
-Aguante Mini-Kics.
Optarón por no hacer mayor escándalo y darnos posada en aquella localidad miniatura.

Fuimos una gran orquesta de ronquidos esa noche, pero para mis oídos era como una canción de cuna que me acurrucaba y me separaba de los infernales mosquitos.

Paradas Continuas:

Nuestros días en Sayulita fueron una simple rutina. Despertábamos cerca de al medio día para ir a un puesto de tacos de camarón empanizado, donde pedíamos un solo taco y una tortilla extra por la cantidad de diez pesos. Partíamos los camarones del taco en dos y los distribuíamos en cantidades similares en las dos tortillas. Después sustituimos la carne perdida saturando el taco con un pico de gallo que utilizaba el puesto como salsa. Se convertía nuestro taco de camarón de diez pesos en dos tacos de verduras con un poco de camarón.
-Somos unos pinches codos.
-No mira Shiva, yo prefiero ahorrar esos diez pesos que gastaría en otro taco y chingarme una beer mas.
-Buen punto.
Después de desayunar llevábamos la hielera al deposito, donde la llenaríamos de cerveza. El resto del día nos relajábamos en la playa, ingiriendo cerveza, viendo bellas mujeres, tomando el sol y disfrutando la vida.

Eventualmente íbamos por unas horas a Puerto Vallarta. Caminábamos en el malecón o bien por la playa. Cerca de tantas mujeres preciosas, enseñando sus perfectos cuerpos, nos sentíamos un poco más cerca del paraíso. El Efecto Playa le gusta llamarle a la gente, pero entre nosotros le apodamos el efecto Paradas Continuas.

Paradas Continuas

Un día Cóndor después de haber enterrado completamente su cuerpo a excepción de sus pies, cayó dormido. Ninguno de nosotros lo despertó. Volvimos al campamento a donde él regresaría horas después, casi llorando.

-No mames guey, mira mis pies, me quemé mis pies.
Sus pies parecían dos grandes tomates.
-¿Porqué no me despertaron?-Quejándose.
-No sé, te veías muy cómodo jetón en la arena, ni siquiera roncabas.-Dijé.
-No mames guey, ¡mis pies!
-Echate cerveza, igual y se te alivianan.-Dijo Kics.
-¿Que no debes de orinar en la quemada para que se te pase el dolor?-Repusó Mini-Kics.
-No guey eso es para las aguas malas.
-Guey neta no puedo ni caminar, mira,¡mis pies!
-Ya vimos Cóndor no mames, ya deja de llorar, a eso se viene a la playa, a quemarse.

El resto de los días en Sayulita la condición de sus pies no mejoró mucho, no podía utilizar chanclas sin estarse quejando todo el tiempo. Por las noches humedecía un trapito, lo enrollaba y exprimía sus gotas para que estas cayeran sobre sus laceraciones, esperanzado en que de alguna manera esto fuera curativo. Podíamos ver su cara de dolor, y a pesar de aparentar ser una escena muy triste, causaba en nosotros bastante risa.

Springbroke:

El cumpleaños de Kics coincidió con uno de los días de aquellas vacaciones. Decidimos celebrarlo en el malecón por la noche. Aprovecharía para verme con Sabrina aquella noche, una simpática señorita de quien poco sabía, y dentro de eso poco sabía que le gustaba. Habíamos hablado por teléfono pero nunca nos habíamos visto. Después de un par de besos le dije que siempre había querido besar a una vaquera, entonces ella me quitó mi tejana negra, y después de ponérsela me dijo: -Besame otra vez vaquero.
Lo hice.
Me gustó.
A media noche ella tuvo que partir, como digna princesa de cuento de hadas. Se despidió con una congelada sonrisa. La vi una vez mas antes de partir, pero no fue lo mismo. Nunca pudimos revivir nuestra noche en el malecón. No la he vuelto a ver desde entonces.

Cuando regresé, aquella noche en el malecón, con los borrachos Cóndor y Kics iban en su segunda botella de whisky, mientras Mini-kics yacía completamente noqueado en el asiento trasero. Discutían de cualquier estupidez. Me senté en uno de los asientos delanteros para reposar y cuando menos pensé me encontraba completamente dormido. Me despertaron horas después, ya amanecía y ellos eran irreconocibles. Apenas podían articular sus palabras, lo único que faltaba era que babearan.

Shiva y Mini-Kics en Bucerias

Al día siguiente teníamos que abandonar el campamento ya que este sería utilizado para un concierto de rock. Tratamos de negociar con el dueño del lugar pero no logramos nada. La siguiente noche nos transferimos hacia el otro campamento del pueblo. El dueño era un individuo que tenía un chango amarrado a un árbol al que conocían como “El camarón”. No pasaron cosas relevantes en nuestra estancia en el nuevo campamento. Este estaba mucho más poblado que el anterior.

Los últimos dos días de nuestras vacaciones nos mudamos hacía otra playa mas cercana a Vallarta llamada Bucerías. Estábamos hartos de acampar. Era una molesta sensación de siempre tener arena por todo el cuerpo. Por un precio razonable obtuvimos una verdadera pieza de basura. Es cierto, era un poco más grande que la mini-casa de acampar y teníamos nuestra propia regadera pero en realidad era una mierda. Le apodamos el Shit hole. Nuestro dinero era cada vez menos. Aquellas últimas noches en Bucerías fueron un poco tristes. No sabíamos si porque extrañábamos Sayulita o por que sabíamos que el final del viaje se acercaba.

En el Shit-hole

Farewell and goodbye:

Era tiempo de partir. Lo habíamos logrado. Sobrevivimos 10 días en la playa con tres mil pesos. Sentíamos ser un tipo de exploradores que habían descubierto un secreto tan callado como la playa de Sayulita.

Tratando de encontrar un camino más rápido y barato tomamos por error una carretera solitaria que parecía no llevar a ninguna parte. Un camino olvidado en el medio de la nada. Pasaban horas sin que detectáramos indicios de civilización. Nuestros únicos acompañantes en ella eran los zopilotes que sobrevolaban los contornos del camino, talvez esperanzados en que nuestros cuerpos terminaran siendo carroña en sus hocicos.

Así terminaba un viaje mas, con numerosos y extensos silencios. Cada cual reflexionaba calladamente en su asiento acerca de estos últimos días.

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Por el espejo retrovisor veía un sol escarbando su camino en el horizonte. De cierta manera lo encontraba nostálgico y de otra manera reconfortante. Me recordaba a los atardeceres que había tenido esa semana viendo al Pacifico, tan inmenso como siempre, con una cerveza del mismo nombre en mi mano, cuando pretendía no pensar en ninguna otra cosa más. Pero en esa tarde sentado en el asiento trasero del Jetta, viajando por el camino de los zopilotes, mientras veia el retrovisor no pensaba en otra cosa que no fuera Sayulita.

1 comment:

  1. jaja me encanto tu relato la parte de la quemadura jaja genial

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