Sin algo que celebrar
Así se siente el mexicano después de este mundial. Tal vez tuvimos que haber celebrado el triunfo contra Irán, pues fueron esos días lo único que nos hizo sentir bien acerca de nuestro equipo en este mundial.
Recuerdo bien los mundiales anteriores, en los que salimos a celebrar la victoria ante Irlanda, Corea, Croacia y Ecuador, los dos empates contra Italia así como también contra Holanda y Bélgica. Las banderas se oleaban por nuestra multitud, nos olvidábamos en aquellos momentos de cualquier diferencia, no existía entre nosotros niveles sociales, diferencias religiosas ni políticas, todos como hermanos celebrábamos ante nuestro nuevo ídolo, la Selección Nacional.
Tal vez nos peso ser cabeza de grupo, pues como dicen: “Nos crecemos ante los grandes”. Pero que pasa cuando el David es visto por otros como el Goliat. ¿Es uno el que peca entonces de soberbia?
Parece ser que nuestro único consuelo fueron los últimos 120 minutos que vimos de este proceso. El equipo era otro. Nos ilusionábamos con la esperanza que tal vez esta ocasión el destino estaría de nuestro lado. México jugó en su partido contra Argentina como todos quisimos verlo a lo largo del Mundial, dejando ante los ojos del mundo el mejor partido que ha visto esta copa mundial. Perdimos, pero ante un equipo digno. Perdimos, pero jugamos fútbol. Tal vez eso es nuestro único consuelo, el ser el mejor de los perdedores. Pero aún nos quedamos… sin algo que celebrar. Quizás tan solo con la esperanza que dentro de cuatro años las cosas serán un poco distintas, quizá. Pero por el momento el mexicano estará… con nada que celebrar.

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