Friday, March 02, 2012

Perro



A escasos minutos de tomar el vuelo que lo llevaría de regreso a su ciudad natal, en una sala de espera de aeropuerto, Lucas desconocía cuando podría tomar el vuelo de retorno a la ciudad de la que partía, la que ahora conocía como su hogar.

A pesar de que este sentimiento de incertidumbre pudiera ser considerado por cualquier otra persona como un algo caótico, Lucas lo aceptaba y hasta cierto punto podría decir que lo disfrutaba. Era probablemente el aprendizaje más importante de aquel último año de vida, el hecho de aprender a aceptar la incertidumbre como algo normal en la vida de uno, casi como la sal en cada platillo, o las nubes en el cielo.

Por muchos meses Lucas consideró el año anterior como el peor de su vida. Perder su casa, su trabajo, todos sus ahorros y el tener un cuchillo en el cuello habían sido para él apenas las primeras 10 semanas de aquel miserable tiempo para él.

Sentado en aquella sala de espera recordó un par de historias, minutos antes de que su vuelo comenzara a abordar.



Regalo de Reyes Magos:

Faltaban un par de minutos para que atardeciera, recuerdo bien ese detalle ya que mi cara lucía casi dorada por los rayos del sol entrando por la ventana de aquella oficina casi a la orilla del mar. Lucía radiante. Sentí entonces una fría mano tocar mi hombro derecho, era la persona que respetuosamente me diría que no necesitaban más de mis servicios, que podía tomar mis cosas e irme de puntitas a chingar a mi madre. Por supuesto, sin usar dichas palabras, pero para nosotros quienes tenemos ese don de leer entre líneas podemos deducir que realmente ese era el mensaje que aquella persona quería propagar.

Cerré la pantalla de mi computadora, le di las gracias y procedí a salir de aquella oficina. Era la segunda vez que eso me sucedía en menos de tres meses, y yo me sentía como la persona más inepta del mundo. Sentía que mi mundo se acababa poco a poco y no veía manera alguna de cómo podría seguir adelante.

Sonó mi teléfono. Una amiga estaba visitando la ciudad. Se encontraba a escasas cuadras de la oficina de la cual había sido expulsado escasos minutos antes. Con el corazón roto quedé de verme con ella en el muelle de la ciudad. De alguna manera el verla me ayudo a no salir orbitando hacía constelaciones desconocidas. Ella lucía enigmáticamente preciosa y más que nada realizada, con su hijo y su esposo.  La vida parecía un acertijo imposible de resolver para mí y algo tan cotidiano para ella a la vez. La envidiaba un poco. Hubiese querido tener aquella formula para descifrar la vida misma. Pero a la vez sabía que todo esto era en parte mi mente jodiéndome, como siempre.

Me preguntó mi amiga que como me iba.
-Muy mal, acabo de perder mi trabajo.
-¿Cómo? ¿qué no me habías dicho que tenías uno nuevo?
-Si, precisamente ese nuevo es el que acabo de perder.
-Hay Lucas, no te preocupes, por algo pasan las cosas.

¿Porqué la gente siempre dice eso? El decir aquella aseveración es el equivalente a decir : “Cuando llueve, llueve… y cuando no… no”. Las cosas por supuesto que pasan por algo. ¿En que mundo viviríamos si las cosas no sucedieran por algo? Es decir, en un mundo donde hubiera reacciones sin haber acciones, lo cual tan solo decir suena ilógico y estúpido. Claro que perdí mi trabajo por alguna razón, sea esta la falta de capital, interés o peor aún: intelecto. Tan sólo deseaba que no fuera por esta última razón, pues entonces si hubiera estado en una situación muy jodida y de verdad no habría forma de como ayudarme.

Afortunadamente ese no fue el caso.

Semanas después, una llamada telefónica de la misma empresa lo confirmaría. Las cosas habían cambiado y una nueva oportunidad aparecía en mi ventana. Yo me encontraba tomando un café en la calle Beverly. Era todo lo que quería. Una sola oportunidad.



Noche sin Velas:

De haber tenido el tiempo adecuado y mi cabeza sin tantos problemas, tal vez me hubiese tomado el tiempo de prender velas, comprar una botella de Champagne, limpiar el departamento, comprar fresas frescas y poner el playlist de Sinatra y Barry White. Sin embargo nada de eso, ni siquiera una sola cosa, pude tener aquella noche en la cual mi chiquita llegó. Desdé el momento que la recogí en el aeropuerto sabía que me veía como un desconocido, la traté de besar en nuestra parada en Venice Beach pero me volteó la cara. Todo estaba tan mal y el hecho de que al llegar al departamento en Orange Grove y encontrará un departamento sucio, sin velas, sin música, sin champagne, sin fresas, pero más importante, sin una persona que ella sintiera conocer.

Nos sentíamos como dos desconocidos.

Fuimos a la cama. Follamos y nada mas.

Lo siento querida. Siento no haber tenido champagne ni fresas,  siento también no haber tenido velas encendidas, pero mas que nada siento no haber estado ahí.

La mañana siguiente me sentía como un animal. Había sido el primer día y yo lo había reprobado totalmente. Lo podía ver en su cara, en su rechazo al siguiente día.

Una noche antes de que partiera ella fue quien prendió una vela olvidada en mi cajón. Me tomó de la mano en medio de la oscuridad . Las gotas de cera marcaron nuestro camino desde la recamara, pasando por la cocina y hasta llegar a la sala. En mi computadora puso una canción, puso su mano en mi hombro y me pidió que bailara con ella.

La canción: Promise You’ll Remember. ¿Qué puedo decir? A pesar de haber sido un pendejo, ella quería recordar aquella última noche. Quería bailar conmigo, quería que la besara por el resto de la noche, quería dormir entre mis brazos… y eso me hacía sonreír.




Boris:

Aquella llamada telefónica que recibí en el café de la calle Beverly había sido de Boris. Por los siguientes meses fue la persona que me dio una nueva oportunidad, creyó en mí capacidad y tomó muchos riesgos para que yo pudiera reinventarme profesionalmente. Siempre se lo agradeceré.

Lamentablemente un par de meses después tuvimos que tomar caminos distintos.

Era una noche de septiembre, en su último día de trabajo en aquella empresa en la cual meses antes me había ayudado a entrar. Después de un par de Manhattans y Moscow Mules en el bar Copa D’Oro decidimos ir por unos puros haitianos. Nadie mas del grupo de 20 personas con las que íbamos quiso continuar la fiesta con nosotros, “fuck them” pensamos. Recuerdo manejar en una carretera en mi convertible, los dos fumando orgullosamente nuestros puros. Recuerdo perderme en un barrio salvadoreño, ya que tengo en la memoria el hecho de estacionarme a un lado de un puesto de pupusas para buscar en google maps el restaurante tailandés en el que Boris quería cenar.

Después de un par de fallidos intentos por encontrar el lugar llegamos por fin. La comida era deliciosa, pero mas deliciosa fue la platica con aquel a quien consideraba yo como un mentor por los meses anteriores. El aprendizaje sin duda mas importante que obtuve aquella noche fue cuando el me hizo saber que la vida es una incertidumbre constante y la mayoría de las veces no queda otra opción mas que aceptarla como tal, incluso esta debe de ser como un indicativo de que uno esta tomando el riesgo a avanzar, esta tomando el riesgo a equivocarse y avanzar en la vida misma, tanto uno debe de adaptarse a esta incertidumbre que el hecho de no tenerla debiese de ser un síntoma de estancamiento… tal y como me había pasado en San Diego.

Después de comer la ensalada de Papaya con camarones secos y el curry verde nos encaminamos a Jumbo’s Clown Room donde tomamos un par de cervezas a un lado de unas strippers y gogo dancers. 

Bukowski hubiese estado orgulloso de nosotros. 

La noche terminaba y llevé a Boris a su casa. Pensé que aquella sería la última vez que lo vería mas como un mentor, como un compañero de trabajo, sin embargo me daba gusto haberme cruzado con personaje tan interesante y sabio en mi vida. Sentía que había aprendido demasiado a su lado y siempre le agradecería la oportunidad que el me había dado adjunto al riesgo que había tomado al hacerlo.

La vida da muchas vueltas, y en su caso no fue la excepción.



Perro de Espera:

Así, sentado en la sala de espera, Lucas, después de recordar aquellas historias se percató de que lo que al parecer hubiese sido el peor año de su vida aún podía arrojarle cosas memorables, recuerdos lindos, y lindos momentos. Tal vez era tiempo para él no de decir que fue el peor año de su vida, pero tal vez el año en el que mas ha crecido, en el que mas ha valorado lo que tiene, por muy cliché que suene… pero en realidad así fue. Un año memorable en el que dejó de ser tantas cosas y comenzó a ser otras más.

Es tiempo de abordar y Lucas aún no sabe si este es un vuelo redondo o un vuelo sin retorno.







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