Tuesday, September 17, 2013

The Never Ending Hangover

Jueves de Pecado:

Desde un principio sabía que había sido un error el haber programado mi visita a San Francisco por más de tres días. Si bien la ocasión era especial, ya que era la despedida de soltero de Ivan, aunado al hecho de que yo había influido en gran parte de que dicho evento fuera en esa ciudad (esto debido a proyecciones equivocadas de mi vida profesional), sabía que era un poco mi culpa. 

La última vez que había estado más de tres días de viaje en San Francisco había deseado tener una pistola y dependiendo del numero de balas que tuviese comenzar a distribuirlas en las cabezas de mis compañeros de viaje y guardar la última para mí. Me pregunto a veces q ue tendrá esta ciudad que cada vez que la visito, desde que dejé de vivir en ella, se me hace tan difícil tolerar. Tal vez es un poco de envidia de que no soy ya parte de ella, ya no soy un local, y perdí esa opción de solamente estar relajado en el sillón esperando que la misma de la ciudad me llame, es muy distinto cuando no se tiene ese sentimiento de pertenencia, pues uno siente como si la estancia fuera una carrera de rendimiento, como si la ciudad fuera un ente que solo planea extraer el último centavo de nuestros bolsillos. Tal vez, tal vez solo era mi cabeza que no dejaba de plantearse los distintos escenarios en los cuales podría terminar viviendo una vez mas como local en dicha ciudad. 

Mi mayor preocupación siempre fué el hotel, desde mucho antes de que mi vuelo despegara de LAX, puesto que Ivan decidió hacer una reservación "a ciegas" en un website que tenía una buena oferta, "en el corazón" de San Francisco, es decir en el "Tenderloin", la capital de los "homeless". El nombre de nuestro hotel "The Warwick" con cedes en New York y Paris. 

Me quedé de ver en el aeropuerto con Ivan, quien venía en un vuelo de Dallas con Pasaret, un amigo de él de la misma ciudad a quien jamás había conocido. Pasaret era un joven de 22 años de edad con las canas y la vestimenta de un hombre de cincuenta. Nuestros vuelos, llegaban a SFO con media hora de diferencia. Coincidimos los tres en uno de los pasillos de aquel monstruoso aeropuerto para pasar después a recoger nuestras maletas. Tuve tiempo entonces de poder hablar con Ivan y poder comenzar a conocer a Pasaret, quien desde un inicio me dio muy buena impresión, una persona bien educada, sensata y de quien jamás hubiese adivinado que tuviese 22 años de edad. 

Doce horas antes habían llegado a San Francisco el resto del equipo de aquel viaje. Markito y Sopas. Markito volaba desde El Paso y Sopas desde el Distrito Federal. Otra de mis preocupaciones era que tan avanzada podría ser la peda de ellos, ya que incluso antes de que mi vuelo despegara habían mandado mensajes de advertencia a mi celular del progreso de su travesía en las dimensiones del alcohol, esto aunado a quejas de que no podían hacer "check-in" en el "Warwick" ya que la reservación estaba a nombre de Ivan y solo él podía ejercer el derecho de plaza en dicho lugar. 

Cuando por fin recogimos las maletas, Ivan mando un mensaje con su identificación al hotel y dejo a Markito y a Sopas entrar al cuarto. En el camino al hotel recibí un mensaje de Sopas que decía:
- No mames, el cuarto solo tiene una cama…
Al leer el texto tan solo reí, puesto que el peor escenario, mi mayor temor con respecto al hotel, era una realidad. Esto no sería un viaje cualquiera, sería mas bien un escenario de supervivencia. 

Al llegar por fin a nuestro cuarto, Markito y Sopas se encontraban reposando en la única cama del lugar. Delante de esta se encontraba un sofa-cama mas viejo que cualquiera de nosotros y apenas espacio suficiente para colocar una pequeña mesa entre la cama y el sofa. Volví a reír, después saludé con un abrazo a Sopas y a Markito. Llevaba años sin ver a Sopas, y un par de meses sin ver a Markito. 

Aunque el cuarto era una mierda y no teníamos una idea de como íbamos a dormir aquella noche, por primera vez estábamos los cinco que perduraríamos por al menos los siguientes 4 días en aquella mística ciudad de la que un tiempo atrás fui parte.

Whisky y cerveza por dos horas antes de ir a The Cat Club. Pasaret dejo de ser Pasaret para ser apodado "El Aprendiz". 

Parte de mi obsesión de seguir sintiéndome local aún cuando ya no lo era fue parte del motivo por los cuales sugerí llevarlos a The Cat Club, un afamado lugar a 25 metros del último departamento en el que viví en San Francisco. Los jueves eran el día que solía siempre ir a dicho lugar cuando aún vivía en la ciudad, ya que era una noche de música ochentera, donde la gente solía disfrazarse de personajes de dicha década. No era extraño encontrarse a un par de Madonas y un par de Michael Jacksons en el lugar. Sin embargo, debo de admitir de la primer impresión que tuve al regresar es que todo el lugar olía a sobaco. Después de un par de cervezas, shorts y mas scotchs la queja de mi equipo no era solo el olor, sino que el lugar les parecía un tanto gay, ya que se habían percatado que un par de personas del mismo sexo se estaban besando apasionadamente. A mi en lo personal no me parecía que el lugar se hubiese puesto muy gay, ya que eso no era nada comparado a lugares de "Castro", el vecindario gay de San Fran, pero en su defensa ellos no tenían el mismo contexto de la ciudad que yo. Decidimos partir entonces. 

Terminamos en Little Italy, en un strip club de malísima muerte donde las stripers parecían veteranas de guerra. Nos aburrimos más rápido de lo esperado y sabía que estábamos a lado de uno de mis bares favoritos de San Fran, el Café Vesuvio, el cual era famoso por ser el lugar predilecto de Jack Kerouac para escribir, prueba de esto es que la calle en la que se encuentra el bar fue nombrada con el nombre de dicho autor. Sin embargo ninguno de los integrantes del equipo tenía la más puta idea de quien era Jack Kerouac, que lástima. El dueño del Café Vesuvio estaba por cerrar, nosotros estábamos cocidos en alcohol, sin embargo se apiado de nosotros y nos dejó tomarnos una cerveza, rápido eso si, antes de que cerrase. La tomamos en menos de cinco minutos y el bouncer antes de que la termináramos se acerco a donde estábamos sentados para invitarnos a una pequeña fiesta "underground" en un bar familiar de china-town a una cuadra del lugar. Mas pedos que conscientes decidimos seguirlos y confiar en el como nuestro guía hacía el siguiente destino. 

I don't know how to sing en chino. 

El lugar resulto ser un karaoke chino, en el cual, nosotros, cinco mexicanos borrachos teníamos menos cabida que un cristiano en una sinagoga. 

No recuerdo si cantamos o no. No recuerdo cuanto tomamos. No recuerdo cuantas chinas se sentaron con nosotros. Recuerdo la sonrisa del bouncer recibiendo tragos gratis de nosotros. Recuerdo solo que la pasamos bien y recuerdo que todos acordamos que era una buena idea cenar algo y después de eso mi mente es un cassette en blanco, un floppy formateado y olvidado en el cajón de la pornografía casera. 

El viernes desperté en el sofa-cama con el tubo de este partiendo mi espalda en dos, Ivan sin camisa a lado de mi, aún pedo y diciendo pendejadas como siempre. Duérmete y deja dormir pinche Ivan, le decía. Pasaret en el suelo, improvisando con un par de cojines una cama "fake". Sopas y Markito, como pinches reyes en la unica cama del cuarto. 

No podía creer lo jodido que me sentía. Estoy bien pinche viejo para estas andadas pensaba. Que chingados estaba pensando en venir cinco putos días a esta ciudad carísima. No habían pasado 24 horas si quiera. Fuck! Fuck! Fuck! Fuck Me Sideways!

It's going to be a fucking long weekend…

El viernes apenas estaba por comenzar y yo ya había gastado la mitad del dinero que había presupuestado para este viaje…

To be continued… 

2 comments:

  1. Marthita Cibelina8:09 AM

    Apenas vamos empezando el viernes y la historia ya esta por demás interesantísima y colorida * Luv this * Me encanta leérte, Chivita :)

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    1. Muchas Gracias Tita! La historia continua :)

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