Caminaba nuevamente por la calle Devonshire, caracterizada por sus montañas de hojas secas en las esquinas y lujosas mansiones con acabados victorianos. Vestía yo el mismo traje negro que no lavaba desde dos meses atrás. Sabía muy bien que ese 28 de noviembre tenía la última oportunidad para conseguir trabajo antes de graduarme.
Había perdido ya la cuenta del monto total de entrevistas que había tenido durante el semestre. Me había entrevistando desde los bancos más importantes de Nueva York, pasando por la empresa de software más importante del mundo, hasta una empresa de apenas diez personas. Era tanta mi desesperación por conseguir trabajo que hubiera aceptado cualquier posición, cualquier salario, en cualquier ciudad. El único problema era que nadie parecía necesitar a alguien como yo.
Parecía que en las entrevistas de trabajo mi cuerpo respondía automáticamente a las mismas preguntas que todos hacían:
-¿Por qué te tengo que contratar?
-¿Por qué quieres trabajar para esta empresa?
-¿Cuál es la diferencia entre una interfase y una clase abstracta?
-¿Cuál es la diferencia entre C++ y Java?
-¿Puedes decirme cuales son las siete capas del modelo OSI?
A veces me sorprendían preguntándome acertijos como:
-Tengo nueve bolas de billar y una balanza, una de las bolas pesa menos que las demás, ¿Cuantas veces tengo que pesar las bolas para identificar la bola que pesa menos?
-Dos.
-Tengo una cubeta llena de jellybeans, hay tres diferentes colores de jellybeans, ¿cuantos jellybeans debo de sacar para asegurarme que voy a tener al menos uno de cada color?
-Cuatro, bajo la inferencia de que son el mismo número de jellybeans de cada color.
Mi vida era miserable, quería caer rendido y olvidarme de tal necesidad. Después de cada entrevista mis amigos al verme vestido de traje me preguntaban, ¿Cómo te fue con la entrevista?, al final tan solo respondía, Igual, uno nunca sabe. Y es verdad, uno en realidad nunca sabe como puede irle, uno no sabe que es lo que el entrevistador quiere. Puede uno tener una idea, pero en realidad uno solo sabe hasta que finalmente es rechazado o invitado a una segunda ronda, y yo parecía ser el rey de los rechazos.
La noche anterior a mi última entrevista me puse a repasar las hojas que había impreso con la información de la empresa. Memo, mi compañero de departamento entró a mi cuarto, quejándose como siempre de su maestro de Java y de lo injusto que era. Eso no me molestaba, al contrario siempre me causaba gracia su miseria. Tal vez me sentía identificado. Analizó las hojas que leía y vio la descripción del trabajo para el que me entrevistaba, y me decía:
-Guey, esta es la buena. Yo creo que por algo pasan las cosas y neta esta es la entrevista mas chingona que te he visto.
-Pues ojala… ojala…
Salió del cuarto para seguir estudiando para sus exámenes finales. Yo decidí que debía de irme temprano a la cama para poder estar descansado en mi última entrevista. Sin embargo el insomnio me acompaño toda la noche. Eran las cuatro y media y el sueño parecía que nunca llegaría, fue en ese momento cuando recordé que Memo me había comentado que tenía pastillas para dormir. Fui a buscarlas a su baño y sin mucha dificultad las encontré. Sin dudar un instante tomé dos.
La siguiente cosa que recuerdo es el taladrante sonido del despertador en un horizonte lejano en el cual se interponían mis increíblemente pesados párpados y mi cerebro completamente sedado. Parecía el momento perfecto para rendirme. Pensaba en que sería una buena historia el como evite mi última entrevista gracias al insomnio y a las pinches pastillas para dormir de Memo. Pero una fuerza que aún continuo sin comprender hizo pararme esa fría mañana. Vestí mi sucio traje negro lleno de mi caspa, me rasuré usando el escaso jabón que quedaba en el lavabo. Salí y caminé por el conocido sendero de la derrota por la calle Devonshire, que me llevaría hacia el edificio de mi universidad donde se desarrollaban las entrevistas de empleo.
La sala de “Career Services” es un piso con veinte pequeños cuartos los cuales son utilizados para llevar a cabo las entrevistas, en las pasadas ocasiones era normal que mas de cinco empresas estuvieran haciendo uso de tales. Esta ocasión solo había una empresa, usando un solo cuarto. Era la empresa con la cual me entrevistaría. En realidad era la última entrevista del año, no solo para mi, sino para toda la universidad. Esperaba mi turno, mi cita era a las 9:45AM, y el reloj marcaba ya las 9:50AM. No había otra persona en toda la sala. Hacía un esfuerzo inhumano para mantenerme despierto junto al vaso más grande con café que pude comprar en la tienda de la universidad. Una joven atractiva se acerco a mí preguntando si yo era Daniel. Respondí afirmando. Me dijo que la siguiera. En camino a la sala donde me entrevistaría hicimos uso del clásico rompe-hielo en Pittsburgh, quejarnos del mal clima.
La entrevista comenzó. Aclaró desde un principio que le agradaba hacer las entrevistas muy informalmente. Me preguntó si tenía una copia de mi “resume”, esta era la primera vez que alguien hacía esto, pues normalmente los entrevistadores imprimen todos los “resumes” de los candidatos una noche anterior. Afortunadamente estaba preparado y si cargaba conmigo ocho copias de mi “resume”. Después de un par de segundos de analizarlo le sorprendió que hubiera estudiado en Austin, pues su novio también lo había hecho. Fue un tema de conversación predominante al inicio. Después de unos minutos dejo mi resume a un lado y la entrevista se convirtió en una conversación. Sentía en realidad por parte de la entrevistadora que en vez de preguntarme las mismas cosas, que todas mis anteriores treinta entrevistas me habían cuestionado, se preocupaba más por conocerme como persona. Y en realidad no sabía si era el efecto de las “pinches” pastillas de Memo, o un cambio de actitud mía de no contestar lo que yo pensaba que el entrevistador quería escuchar sino mas bien lo que yo en realidad creía, quien yo era, y esas eran las respuestas que usaba. Con sinceridad y confianza, pues no hay nada más fácil que hablar con ella.
Su última pregunta fue:
-Daniel, ¿Cuál es tu pasión?
-Mi pasión es crear cosas.
-¿Qué tipo de cosas?
-Cualquier tipo de cosas, digo cosas pero en realidad me refiero a que nada me satisface mas que el crear, terminar o cruzar una meta, esto puede ser un escrito, un proyecto, un viaje o una etapa de mi vida.
Ella parecía intrigada por mi respuesta, pero no me importaba, no iba a contestar que mi pasión era la de programar ocho horas en frente de una computadora, ni la de resolver ecuaciones diferenciales, ni la de llenar tablas con información vía SQL. Yo era sincero con mi respuesta y eso me hacía sentir bien. La entrevista terminó escasos minutos después en la que yo le hice preguntas acerca del puesto y de la cultura de la empresa.
Caminé de regreso por la calle Devonshire. Las montañas de hojas secas continuaban, estas parecían desvanecerse por tímidos vientos. Recordaba las últimas palabras que le había dicho a mi entrevistadora acerca de mi pasión, y sabía en ese entonces que vivía en ese momento esta misma pasión de la que había hablado, pues aquella fue la última entrevista, con ella terminaba mi etapa de búsqueda de trabajo, al menos por ese semestre. Había dado lo mejor de mí. No quedaba una gota más de sudor. Estaba por cruzar la meta del fracaso más grande de mi vida. Pero lo hacía con mucho orgullo, pues nunca me había rendido. Sonreía.
Al llegar a mi departamento caí en mi sillón como un costal. No desperté por horas. No quedaba otra cosa más que esperar por una respuesta, pero las buenas noticias es que el rechazo viene normalmente acompañado de una larga espera, y como ya lo había mencionado, el rechazo era algo que se me daba de manera natural.
Una semana después recibí un correo de mi entrevistadora. Normalmente esto es el preámbulo a un inminente rechazo, ya que la práctica común es la de invitar a alguien a una segunda entrevista por medio de una llamada telefónica y la de rechazar a los que no son invitados vía correo electrónico. Entristecido vi dicho correo, y dije en voz alta a mis compañeros que se encontraban a mi lado, ¿Alguien quiere ver mi último rechazo del semestre? Rachel y Ricky se acercaron y me pidieron que lo abriera. Mi sorpresa fue que en vez de un rechazo este correo contenía una felicitación por mi entrevista acompañada de una invitación para una segunda entrevista en Boston. Mis amigos instantáneamente me abrazaron alegremente, mientras yo parecía encontrarme en medio de un acertijo que parecía no poder descifrar, y al parecer no quería descifrar.
Era feliz, quería gritar, pues parecía todo ahora tan transparente. Había algo que me decía que había sido mi destino el haber sido tan miserable por tanto tiempo y finalmente me sentía capaz de volar. La batalla no había terminado pues todavía tendría que ir a Boston por la última entrevista. Pero fue en ese momento cuando decidí que iba a ser fiel a mis respuestas. Iría sin preocuparme por el resultado final. Yo estaba en paz conmigo.
Dos semanas después viajaría a Boston, en donde sufriría muchas otros inconvenientes y tragedias, como la pérdida de equipaje y el ataque de fuegos labiales. Sin embargo tenía confianza en que una vez más viviría mi pasión y que sería sensato conmigo mismo. Afortunadamente para mí esto volvió a funcionar y me encuentro aquí, escribiendo esta historia que no se como terminar. Tal vez por que me guste escribir historias que no tienen todavía fin.

No comments:
Post a Comment